Dagoberto González fue ejemplo de honestidad y sencillez, dice su hija

La periodista Olimpia González, hija del dirigente sindical demócrata cristiano Dagoberto González, afirmó que en su familia permanece la imagen de su padre como un ciudadano solidario, político honesto, sindicalista luchador, hermano y marido incondicional; esposo fiel, padre ejemplar y abuelo afectuoso.

La afirmación la hizo con ocasión de un homenaje que le rindiera el Ifedec, instituto que dirige Eduardo Fernández, al ya desaparecido dirigente del partido Copei.

Comenzó sus palabras con una anécdota, a propósito del afán de corrector de textos que abrigaba Dagoberto González; y es que un día su esposa lo consigue corrigiendo al Diccionario de la Real Academia, y entonces le advirtió: ya salgo a esconder el acta de nuestro matrimonio, no vaya a ser que mañana estemos divorciados.

Luego, pasó a referir cuadro de escenas de costumbres familiares; trato que González les daba a los niños, cinco niños que salían corriendo cuando su papá los llamaba al mero entrar a la casa para luego reunirse con su compañera de vida, lo que significaba para aquellos niños ejemplo de familia, de amor.

“Dagoberto González Ascanio, hijo de Luisa Jacinta Ascanio y de Feliciano González: el cuarto de tres hermanos. Una familia humilde, profundamente católicos, ejemplo de trabajo, amor y dedicación. Educado con los salesianos en especialidad artes gráficas, serían reforzados sus valores cristianos inculcados en su núcleo familiar y que lo orientarían toda su vida. En nosotros permanece su imagen de ciudadano solidario, político honesto, sindicalista luchador, hermano y marido incondicional; esposo fiel, padre ejemplar y abuelo afectuoso”.

Dijo que el gran sueño de vida de su papá era levantar una gran familia en una sociedad profundamente democrática, justa y progresista; que su devoción a Dios lo hacía un hombre humilde y bondadoso, tan honesto como para que quienes no advertían sobre sus principios morales de vida, lo catalogaran de pendejo.

González recordó que en su tesis de grado, para optar al título de comunicadora social, ella investigó el tema de la corrupción en el mundo sindical, y durante una entrevista, que le había hecho a un personaje de ese mundo, diputado y alto dirigente, le preguntó que de dónde sacaba tanto dinero para vestir de la forma como andaba, éste le respondió: esto es como una convenio con una empresa, lo que pasa es que tu papá no lo usa porque no tiene gusto.

“Vale acotar que para ese momento mi papá era sindicalista y senador. Pues bien, les confieso que pasé de sorprenderme con tal respuesta, a sentir mucho orgullo por el padre que me gastaba. No era el gusto lo que lo hacía vestir sencillo. Es su honestidad y rectitud, que no le permite aprovecharse del poder y lo que éste le ofrece. Eso nos enseñó mi papá: la honestidad, la sencillez y el actuar en forma desinteresada por el bien colectivo”.

Consideró que Dagoberto González fue tal vez el único que se retiró del comité nacional de Copei, además de acogerse a la jubilación del Congreso Nacional en la plenitud de sus facultades, para dar paso así a nuevas generaciones de dirigentes sindicales. Se refirió al sentido del humor que caracterizaba a su padre, y en ese sentido, contó una anécdota relativa a una noche en España, donde estaban hospedados en un hotel y al parecer era costumbre dejar los zapatos en el pasillo, a los fines de que fueran limpiados; de modo que al llegar esa noche, al ver una serie de zapatos a lo largo del pasillo, a su padre se le ocurrió amarrar un zapato de uno y de otro; es decir, todo un enredo el que habría de sufrir aquella gente hospedada allí buscando en la mañana su par, mientras él se reía puertas adentro.

González hizo ver que ellos habían aprendido, a ese respecto, a ser personas de buen humor y a divertirse sanamente sin hacer daño y sin perder el horizonte; luego, refirió una serie de situaciones familiares donde se manifestaba la ética que iba sembrando en su prole, el camino que debía seguir cada uno de sus hijos, e hizo ver que daba ejemplos en el vecindario; cuando encontraba la basura regada en el piso y que era en estos momentos cuando decía que siempre había que mantener el buen vivir de la comunidad, que la mejor manera de evitar que los animalejos lleguen a la casa de uno es evitando que lleguen donde los vecinos.

Citó una reflexión de su hermano mayor, quien le dijo un día que él mantenía siempre presente la avidez de siempre aprender y compartir cosas nuevas; su contagiosa sensibilidad a las artes, su gran generosidad, su emotiva complicidad e interés a la hora de emprender algún proyecto; que aún su padre sigue siendo su gran fuente de inspiración firmeza.

Según González, cuando su padre estaba muy mal de salud y le quedaba poco tiempo de vida, a raíz de una caída que tuvo, le ordenó a su esposa que llamara a sus hijos y les dijera que ya Betulio (evocando la figura de un boxeador de la década de 1970) se había caído dos veces; que si podían ir a la casa que fueran, sólo que si tenían alguna obligación que no lo hicieran, pues, a juicio de Dagoberto González, primero estaba la obligación que la veneración.

“Ese era el viejo Dago, aún cerca de su despedida final, no dejaba de enseñarnos. Fue siempre ejemplo de responsabilidad, interponiendo hasta los afectos (…) Este era Dagoberto González: un hermoso recuerdo, lleno de amor, de afecto, plenos sentimientos y excelentes enseñanzas (…) Con sus acciones nos enseñó a escoger entre la humildad y la decencia, que lo convirtieron en uno de los personajes más valiosos de la democracia venezolana, y lo más probable es que desde el cielo, él se sienta orgulloso de la obra que dejó”.

Contó González otras anécdotas, con motivo del tipo de vida que llevó su padre en su carrera de dirigente político y sindicalista, las peripecias que tuvo hacer para no caer preso de la Seguridad Nacional, y finalizó diciendo que la familia de “Dagoberto no descansaremos en nuestras luchas (en este punto se le quebró la voz) y trabajos, para lograr recuperar, lo que él, junto con otros, nos legaron: un país libre y democrático”.